Nuestra Señora de las Tinieblas, de Fritz Leiber

«La Madonna se mueve con pasos inseguros, rápidos o lentos, pero siempre con trágica gracia… Y su nombre es Mater Tenebrarum, Nuestra Señora de las Tinieblas»
Suspiria de Profundis, Thomas De Quincey

¿Quién dijo que las ciudades modernas no pueden tener sus propios fantasmas? En Nuestra Señora de las Tinieblas (Our Lady of Darkness, 1977), Fritz Leiber nos propone un viaje a través del ocultismo urbano, la literatura esotérica, y la delgada línea que separa la cordura de lo inexplicable.

La historia sigue a Franz Westen, un escritor de ciencia ficción que intenta sobreponerse a la muerte de su esposa y al alcoholismo. Su rutina se ve interrumpida cuando, desde su departamento en San Francisco, observa una figura inquietante danzando en la cima de una colina. Este hecho lo lleva a investigar una serie de libros extraños, entre ellos Megapolisomancia, de un tal Thibaut de Castries (un trasunto de Aleister Crowley), y un diario atribuido nada menos que a Clark Ashton Smith. A partir de ahí, lo que parecía una simple curiosidad literaria se convierte en una obsesiva inmersión en antiguos círculos ocultistas, teorías paranormales y secretos enterrados en la misma ciudad.

La novela está plagada de referencias literarias y nombres que cualquier amante del género reconocerá con gusto: H.P. Lovecraft, Ambrose Bierce, Jack London, entre otros. Leiber entreteje estas figuras en su relato hasta hacerlas parte viva del presente narrativo, generando una sensación constante de ambigüedad: no sabemos si Franz se está acercando a la verdad o perdiéndose en la oscuridad de su mente.

Lo más destacable es su capacidad para crear una atmósfera urbana opresiva, donde las calles, edificios y colinas de San Francisco se transforman en escenarios cargados de simbolismo y misterio. La ciudad ya no es solo un fondo: es un personaje más, un ente que respira y observa.

Dicho eso, vale advertir que en algunos pasajes el texto se torna denso y excesivamente explicativo. Leiber no parece confiar del todo en su lector y, a veces, se empeña en aclarar incluso lo obvio, lo que puede romper el ritmo y restar potencia al misterio. Aun así, el balance final es positivo: es una obra original, enraizada en el legado del weird fiction, con una vuelta de tuerca que lo moderniza sin perder su esencia.

Lectura recomendada para quienes disfrutan del terror psicológico, el esoterismo, y las novelas donde la ciudad es parte activa del horror.

Curiosidades:

  • El título y concepto de la novela están directamente inspirados en Suspiria de Profundis (1845) de Thomas De Quincey, donde aparecen tres figuras alegóricas: Nuestra Señora de los Suspiros, Nuestra Señora de las Lágrimas y Nuestra Señora de las Tinieblas.

  • Se considera una de las primeras novelas en popularizar el concepto de horror urbano moderno, alejándose de castillos y cementerios para ubicar lo tenebroso en lo cotidiano.

  • Megapolisomancia, el libro ficticio que impulsa la trama, se ha convertido en una pieza de culto entre los fanáticos del género.